entre intelectuales y artistas
Fragmento de nota de José Felipe Coria en el financiero
Rudo y cursi
José Felipe Coria
Lunes, 12 de enero de 2009
La cultura mexicana el año pasado se entregó a celebrar el octagésimo aniversario de un escritor que lleva más de tres decenios sin publicar, ya no se diga una obra maestra, sino un libro legible. Se celebró al personaje, nunca a la obra, lo poco que de ella queda y que más o menos sobrevive en el tiempo. La firma importó antes que los logros literarios. El nombre fue exaltado hasta la histeria como el non plus ultra de las letras, como si antes de él no existiera nadie y como si después de él nadie existirá, ni ahora ni en el futuro. Rudamente, la cultura oficial hizo un festín que sólo satisfizo al ego del homenajeado. Es la política cursi que invita al sacrobovinismo: a sacralizar vacas.
Si las letras se reducen a un solo nombre, por lo que se le festeja todo: sus incongruencias ideológicas, sus evidentes maquinazos y sus alardes de soberbia revanchista, ¿qué puede esperarse de otras vertientes del arte nacional? Exactamente lo mismo: dosis industriales de sacrobovinismo. La obra ya no importa. La publicidad, la presencia mediática, hacerse famoso y echarse a dormir en los sacrosantos laureles que los cuates cotidianamente renovarán, para ver si así les cae una migaja del pan que la vacota degusta… Esto sí importa.
Un arte de pasiones, que al menos permitía el abordaje crítico y la diversidad de opiniones, era el cine. De un tiempo acá, el sacrobovinismo es la “ética” que rige a la mercadotecnia ya no de las películas. Del “producto”. Porque son productos hechos por seres infalibles que basta con que se reúnan ante una mesa de café para que su conversación, por más banal que sea, resulte digna de consignarse. No se olvide que para la arrastrada prensa de espectáculos nacional, el eje Condechi-Coyoakitsch es sinónimo de la Florencia renacentista, habitada por puros genios. Aquellos que dicha prensa en su babeante bovinismo erija, claro.
Ejemplo lacerante de este tipo de entronización que es hacer valer la firma por encima de la obra es el prefabricado éxito de fin de año: Rudo y cursi (2008, Carlos Cuarón)…
